Joven odontólogo, embajador de la solidaridad en África

Matías Cabrera decidió entregar sus conocimientos un pequeño país de África. Aquí nos cuenta su ejemplar experiencia.

Jueves 26 de febrero y Matías Cabrera abordaba un avión que lo llevaría al desafío más grande de su vida, hasta ahora. El destino: Burundí, un país del continente negro, con nueve millones de habitantes, y uno de los diez países más pobres del mundo.  Allí los burundeses viven atemorizados por las constantes guerras y conflictos políticos armados.

Sólo unas horas antes del terremoto que afectó a nuestro país y en especial a la región del Bio Bio, Matías emprendió vuelo. “Cosas del destino”, dice, “tal vez si hubiera pasado antes, no habría podido viajar a esa experiencia inolvidable”.

Este joven ex alumno de la UDD, se caracterizó desde su adolescencia por su vocación de servicio. Trabajo País, Misión País, el Movimiento Católico de Schoenstatt  y el Proyecto Forja de nuestra Casa de Estudios fueron las instancias que lo llevaron a prestar su ayuda a los más necesitados.

Sin embargo, Matías siempre quiso ampliar las fronteras de su solidaridad. Sabía que en el extranjero habían lugares en los que su ayuda podría servir de mucho aunque eso significará un sacrificio mayor para él y su familia.

Fue así como por contactos a través de la congregación de Schoenstatt este joven odontólogo se enteró de la realidad de Burundí. Uno de los sacerdotes de la comunidad que se desempeña en ese país llegó a Concepción y contó su experiencia en el continente negro. Más tarde Matías se enteró que otro ex alumno de la Facultad de Odontología de la UDD ya estaba trabajando en ese país, lo que significó otro gran impulso para elegir el destino de su ayuda solidaria.

¿Cómo nace la idea de ir al extranjero a hacer un voluntariado?

Siempre me ha gustado ayudar a quienes han tenido menos oportunidades en la vida. Muchos de mis amigos y familiares me preguntaron por qué no me quedaba en Chile a entregar la solidaridad a mis compatriotas, sin embargo, desde niño tuve la inquietud de entregar algo de mí en el extranjero. Más tarde pude enterarme de la realidad de Burundí y no dudé un segundo, que ese lugar sería mi destino.

¿Cuándo te enteraste que había ocurrido en terremoto tan grave en Chile, pensaste en regresar de inmediato?

Fue muy duro enterarme que en mi país, en mi ciudad, había ocurrido algo tan grave como un terremoto. Lo peor fue que estuve casi un día completo sin tener noticias de mi familia y eso me tenía muy angustiado. Me enteré del sismo en un aeropuerto y lo primero que hice fue conectarme a facebook y Messenger, sin embargo, ninguno de mis amigos ni familiares estaban conectados. Finalmente logré contactarme con mis padres y recién 24 horas después supe que estaban todos bien.  La primera idea era regresar lo antes posible, pero luego lo analicé mejor y me convencí que si había alcanzado a viajar antes del sismo fue porque Dios quiso que lograra llegar a África, cosas del destino.

¿Cuál fue tu misión en Burundí?

Me fui sin una misión específica. Se puede decir que me fui para lo que me necesitaran. De todas maneras llevé mi delantal, cepillos de dientes, pastas y un macromodelo que me regalaron en la Universidad antes de egresar.

Una vez en Burundí, específicamente en la ciudad de Bujumbura,  me contacté con el sacerdote chileno que me había orientado antes de mi viaje y así comencé a trabajar en un hogar de niños en riesgo social, menores que se encuentran en situación de calle y que profesionales de distintas áreas buscan sacarlos adelante para que puedan ser reintegrados a sus familias y a sus escuelas.  En ese lugar oficié de profesor de español, de chofer, hasta de artista porque hicimos un mural junto a los niños en el patio del hogar.

¿Cómo odontólogo pudiste trabajar?

En el hogar habilitaron un cuarto con una silla, algo muy simple y ahí comencé a atender pacientes. Luego, unas religiosas polacas se enteraron que un dentista estaba en  la ciudad y me ubicaron para contarme que en el hogar del que estaban a cargo había un sillón de odontólogo con todo lo necesario para trabajar. Ellas tenían un box dental de muy buena calidad, algo que jamás imaginé encontraría en ese país. El box tenía turbina, micromotor, esterilizador, elevadores, cascos guantes.

Así, en esos dos lugares pude desempeñarme como dentista, un aporte muy significativo, tomando en cuenta que para casi nueve millones de habitantes, sólo hay catorce odontólogos en todo el país.

Lamentablemente los tratamientos que se realizan allá son escasos, los trabajos que más comunes son las extracciones y las atenciones de traumas dentales.

¿Qué influencia tuvo tu formación en la UDD para desempeñarte en un ambiente tan complejo?

La calidad en la formación profesional es lo primero que destaca donde sea que uno vaya. Como recién egresado me hice cargo de casos complejos de pacientes en Burundí, pero nada me quedó grande en términos de conocimientos. Las prácticas intensas en las clínicas de la Facultad y el internado nos preparan de excelente manera para integrarnos de inmediato al mundo laboral.

En términos sociales, la Universidad, durante todo nuestro proceso de estudio nos da la oportunidad de trabajar con grupos de personas que están en riesgo social y también en comunas donde las carencias económicas son altas, por lo que, si bien, estaba en uno de los países más pobres del mundo, no fue tan chocante enfrentarme a una realidad tan dura como la que tuve que vivir.

Luego de esa inolvidable experiencia Matías regresó a nuestra zona para avocarse a buscar trabajo y así comenzar su etapa de desempeño profesional. A menos de un mes de su arribo ya se encuentra trabajando en el Servicio de Urgencia dental de la Clínica Sanatorio Alemán y en el Consultorio Pedro de Valdivia Bajo de la Municipalidad de Concepción.